viernes, 5 de abril de 2019

Enfócate en personas y los beneficios siguen

Reflexiones luego de décadas gestionando medios de noticias

Un estudiante en un curso de gestión de medios tuvo que entrevistar a un profesional de los medios para su último proyecto de investigación. Acepté ser su entrevistado, y ​​en el transcurso de una hora me hizo hablar sobre mi filosofía de gestión en la era digital.

Al leer la transcripción de esa entrevista me di cuenta de cómo mi forma de pensar había cambiado con los años. Lo más importante que aprendí fue a poner a las personas primero. El hecho de haber crecido con el viejo modelo de periódico de la fábrica de noticias me hizo desarrollar habilidades en los procesos de producción, cumpliendo con los plazos y sacando el producto a la calle. Esa era la prioridad: producir una cantidad suficiente de contenido a un nivel de calidad profesional consistente con las limitaciones de tiempo, dinero y espacio (las páginas de noticias) disponibles.

La paradoja
Con el tiempo descubrí una interesante paradoja: poner primero a la gente genera más ganancias. Si piensas primero en desarrollar a tu gente y ayudarlos a alcanzar sus metas personales y profesionales, las ganancias llegarán. Cuando creas una organización en la cual sus miembros sienten que están creciendo, aprendiendo y participando en una misión más grande que ellos mismos, éstos se vuelven extremadamente creativos y productivos.


lunes, 25 de febrero de 2019

Cuando descrubrí la banda ancha -- en 1997

Estaba buceando en algunos antiguos archivos recientemente y hallé una columna que escribí para el Baltimore Business Journal hace 22 años, cuando era director general del medio.

De Peakoptical.com
La columna analizaba cómo la empresa que proporcionaba nuestro servicio de televisión por cable había instalado el cable de fibra-optica en el barrio.

De la noche a la mañana, este nuevo canal de distribución transformó un servicio torpe de conexión telefónica a internet en una autopista de la comunicación a la velocidad de la luz. Ahora, el tono hiperbólico de mi comentario suena un poco vergonzante, dado que se espera de los periodistas un cierto escepticismo ante los desarrollos tecnológicos. Pero visto desde otra perspectiva, el comentario acertaba completamente: La banda ancha era estupenda.

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La columna comenzaba con esta frase: "Las bibliotecas públicas podrían estar en peligro". Describí cómo utilicé este nuevo servicio para acceder a más información sobre un anunciante del periódico antes de participar en una reunión con su consejero delegado. Una gran parte de mis responsabilidades en esa época era supervisar la venta de la publicidad y mantener las buenas relaciones con los clientes. Era la cara pública del medio.

En la columna, contrastaba la investigación que había logrado en internet con aquella que se podía obtener en la biblioteca:

miércoles, 23 de enero de 2019

Lo que el dinero no puede comprar en los medios

Hay varias expresiones en inglés -el lenguaje del capitalismo-, que equiparan el dinero con algo real y fiable. "El dinero habla". "Muéstrame el dinero" (para demostrar tu compromiso). A estos agregamos una del castellano: "Fía en tu duro más que en amigo ninguno".

El modo en el que la gente obtiene y gasta el dinero suele revelar mejor su carácter, su ética o sus valores.

Atribuimos tanto significado al dinero y la manera en que expresa nuestros verdaderos valores que el historiador Yuval Noah Harari declara en su bestseller Sapiens: A Brief History of Humankind:
 "El dinero, entonces, es un sistema de confianza mutua, y no sólo cualquier sistema de confianza mutua: es el sistema más universal y más eficiente de confianza mutua jamás inventado". 
Por extensión, esta confianza en el dinero como la mejor medida del valor de todo en la sociedad moderna -desde la pérdida de un querido familiar (en un pago de una aseguradora), hasta el salario de un maestro o un CEO, pasando por el coste de un barril del petróleo-, nos ha llevado a confiar demasiado en los mercados como lugares donde se encuentran las mejores soluciones a todos nuestros problemas.

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En realidad, muchos estudios han demostrado que el mercado es capaz de dar gran valor a la desinformación, el sensacionalismo, los chismes o el entretenimiento (Pew, Reuters Institute, Science Advances) en lugar de concedérselo a otros bienes sociales, al menos si usamos como referencia los ingresos y las ganancias de la publicidad. Es cómo Facebook y Instagram ganan dinero.

Al poner tanta fe en la mano invisible de los mercados para dirigir nuestras decisiones importantes económicas, políticas o sociales, hemos subvalorado la importancia de la ética, la credibilidad, la confianza y la solidaridad comunitaria. (He visto algunos ecos de este tema en otras lecturas navideñas: una columna de David Brooks en el New York Times y libros como los de Jeffrey D. Sachs, The Price of Civilization: Reawakening American Virtue and Prosperity y Joseph E. Stiglitz The Euro: How a Common Currency Threatens the Future of Europe.)