Para muchos editores, la idea de vender es repugnante. Más: es una traición de todos los valores del periodismo porque significa sacrificar la ética de independencia a la comercialización. Pero no debe ser así.
Esta idea de evitar cualquier matiz de comercialización servía bien cuando los medios de comunicación podían eregir una muralla entre la parte comercial y la parte editorial. En el pasado, los editores apenas tenían contacto con los lectores a menos que hubiera una queja sobre un artículo. Conocían poco de los lectores.
Ese sistema funcionaba cuando no había competición de la Web. Hoy día los medios digitales conocen muy bien a los usuarios y sus hábitos, que les permite robar lectores y anunciantes de los medios impresos. Ahora para competir, los periodistas de medios tradicionales deben adaptar a las nuevas reglas del juego. Deben conocer mucho de la audiencia y deben participar en el proceso de promocionar el medio hasta ayudar a los que venden la publicidad.
Bien qualificado
Los mejores vendedores de un producto lo conocen profundamente. Nadie conoce el producto editorial mejor que el editor.
Los mejores vendedores pueden hablar con pasión del valor de la información del medio. ¿Quién lo hace mejor que el editor?
El editor de un medio es una persona reconocida en la comunidad, casi una celebridad. Un cliente potencial va a evitar un vendedor pero siempre hará una cita con un editor.