Sunday, August 23, 2015

Jot Down y El País: matrimonio de conveniencia

El Pais anuncia la alianza en su página web.

La revista cultural española Jot Down es una criatura extraña en varios sentidos. En una época cuando supuestamente se lee poco y rápido, publica entrevistas y ensayos larguísimos.

(English version)

Mientras que los medios digitales buscan grandes audiencias con una actualización constante, Jot Down gana su dinero cobrando 15 euros por cada copia de su masivo trimestral de 320 páginas que lleva solo 2 o 3 páginas de anuncios.

Otro dato raro: su audiencia meta no es la generación de los famosos "mileniales" buscados por muchos medios sino las personas más maduras, de hasta 40 o 50 años. Es una revista iconoclasta que atrae a los que "se piensan jóvenes", según dice Ángel Fernández, 44 años, gerente de Jot Down y uno de los que fundaron la revista hace cuatro años.

Tuesday, August 4, 2015

Cómo los sitios de noticas obtienen una audiencia fiel


Cuando yo era editor de un periódico de Baltimore especializado en economía, solía decir a los anunciantes con seguridad que ningún otro medio de noticias sería capaz de duplicar nuestra audiencia, formada por CEOs, empresarios y personalidades influyentes de alto poder adquisitivo.

El primero en socavarnos fue Yahoo Finanzas. Con su uso de bases de datos podía proporcionar a sus anunciantes la posibilidad de llegar a las mismas personas que estaban leyendo nuestro periódico, además de alcanzar a muchas otras más de distinto perfil.

Ahora redes sociales como Facebook están utilizando sus datos para hacer lo mismo. Pueden prometer a los anunciantes la posibilidad de llegar a una misma audiencia a un precio mucho menor.

Estas son malas noticias para los medios de noticias, especialmente desde que se volvieron más dependientes de Facebook y de otras redes sociales para conseguir tráfico. A los medios se les ha vuelto más difícil establecer el valor de su marca ante los anunciantes.

Saturday, August 1, 2015

Cómo Facebook y Google monopolizan tráfico, publicidad


Fue el escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke quien escribió: “cualquier tecnología lo suficientemente avanzada no puede distinguirse de la magia”. Y, claramente, muchos piensan lo mismo acerca de las aplicaciones para smartphones.

Medios de noticias hacen un trato con el diablo en Facebook.
Las aplicaciones móviles pueden mostrarnos mapas detallados de casi todos los lugares del planeta.
Pueden leer códigos QR y decirnos exactamente cuándo llegará el próximo autobús.

Nos pueden avisar acerca de quién acaba de marcar un tanto en el evento deportivo que nos interesa.
Nos permiten enviar mensajes de texto, gratis, a cientos de millones de personas en cualquier lugar del mundo (en efecto, los usuarios de WhatsApp y deWeChat ya se acercan a los 2.000 millones).

Así que, de buena gana, nos entregamos a todos esos servicios que hacen cosas tan maravillosas por nosotros. Y a menudo accedemos a ellos usando nuestras cuentas de Facebook, Google o Twitter, dándole a esas plataformas sociales acceso a información sobre nuestras preferencias de consumo, sobre quiénes son nuestros amigos, acerca de a dónde vamos a cenar o de cómo nos divertimos.